5 de junio del 2009 ya es una fecha clave en la historia nacional de la infamia. Mientras todo el mundo celebraba el Día Internacional del Medio Ambiente, en el Perú de Alan García Pérez se ordenaba una ofensiva a sangre y fuego contra los últimos defensores del medio ambiente amazónico.
La administración García ya tenía todo armado para justificar la matanza. Un pusilánime primer ministro, dizque independiente, repitiendo todo el guión redactado en la Casa de Pizarro.
Una ministra del Interior culpando al “salvajismo” de los awajún por la muerte de unos chicos sin experiencia enviados como carne de cañón para enfrentar a los alzados.
Unos congresistas cínicos y mecedores tratando de difundir su verdad con argumentos que emocionarían al propio Augusto Pinochet.
Y lo que es peor. Un ministro de Medio Ambiente ¡¡¡de Medio Ambiente!!! justificando la masacre con cifras y estadísticas que solo él las cree.
Como si fuera cierto aquello de las “millones de hectáreas” en manos de los pueblos originarios. Como si fuera cierto aquello de que las áreas protegidas no sufren la infame invasión y explotación de petroleros, madereros, colonos y extractores de oro.
Un ministro de Medio Ambiente exigiendo represión a los nativos solo para defender el TLC con Estados Unidos.

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